relaciones

La necesidad de querer tener la razón sólo por el placer de ganar eso es en gran medida lo que nos mueve a actuar con impulso, olvidándonos a veces de las relaciones que se desgastan.

No significa que no debamos proteger lo que pensamos, claro que es importante ya que es parte de afirmarnos a nosotros mismo y ser respetuosos con nuestros valores. Me refiero al deseo impetuoso de tener siempre la razón.

¿Te ha pasado que por querer que te den la razón el problema se hace mayor?

Bien, pues eso sucede porque ponemos nuestra valía de por medio. Si lo que pensamos es «sino gano soy un perdedor, ellos no se burlaran de mí, tengo que demostrarles que ellos se equivocan, si ven que no sé nadie me va a querer y respetar, etc.» es claro que trataremos con todos los medios de imponer nuestra superioridad porque aquí está en juego nuestra valía como ser humano.

Nada más peligroso que poner nuestro valor como seres humanos en lo que hacemos y sabemos. Independientemente de que en algunos casos sí tengamos la razón eso no quiere decir que debamos demostrar que la tenemos, una porque comúnmente las situaciones que generan este tipo de disputas son subjetivas, es decir; ante una misma realidad hay diferentes versiones, y segundo porque todos somos falibles, aunque antes no te hayas equivocado no te exime de errores.

Es importante considerar el bienestar del otro al momento de querer demostrar que tenemos la razón, hay que preguntarnos a nosotros mismos si demostrar que tenemos la razón no dañamos la relación o a la persona. Claro habrá situaciones que sea importante imponernos por ejemplo si nuestra pareja quiere tirar por las escaleras al niño hay que actuar y mostrarle que no debe hacerlo pues lo lastimara, y más que demostrar que estamos en lo correcto, en esa situación hay que actuar, detener que suceda, y no ciclarnos en si realmente el niño se lastimara o no. Ciertamente pocas veces las discusiones son en ese nivel de importancia.

Te invito a reflexionar sobre lo que te lleva a querer tener la razón. No vale la pena destruir nuestras relaciones por imponer nuestras opiniones.